El viento soplaba tan rápido por el campo que las hojas no alcanzaban ni a despedirse. «Yo llego primero a todas partes», presumía, mientras una tortuga avanzaba por el camino con una semilla entre sus patas.
Una apuesta en el camino
Al verla tan despacio, el viento le preguntó si pensaba llegar al cerro antes del anochecer. La tortuga respondió que no sabía, pero sí sabía dónde quería plantar su semilla.
El viento se distrae
El viento salió disparado y se puso a jugar con las nubes, a sacudir los pastos y a hacer remolinos en el arroyo. La tortuga siguió avanzando, descansó bajo un árbol y cuidó que la semilla no se le cayera.
Llegar también es elegir
Cuando el viento regresó, ya estaba oscureciendo y la tortuga había llegado a un claro perfecto para plantar. Él sopló suavemente para cubrir la semilla con tierra; por primera vez, no le importó ser el más rápido.

